Caligrafía sanguínea

Escribo desde un lugar que no conozco. Exiliado al otro extremo del mundo. Abrazado a esta caligrafía sanguínea que bien pudiera ser el postrer testimonio del hombre desorientado. Oculto en la jungla que hoy devora la vanidad insostenible de las metrópolis, mientras legiones de almas se soasan y pudren sobre la tierra yerma. Escribo en el desamparo de una humanidad arrasada, de una civilización que, hecha trizas, se arrastra con la pretensión de un reagrupamiento imposible. Como en una pesadilla, escribo desde esta atalaya al Apocalipsis con los ojos anegados de muerte. Testigo de una destrucción que merecemos pero que se me atraganta en el relato. Es todo ello un aviso a navegantes? Una premonición dolorosa para aquellos que ignoran el faro en la magnitud de la tormenta? El castigo de los dioses a una raza que sobrevive complaciente engañada de su propia medida? Escribo desde un futuro no sé cuán lejano, dictándole a quién me oiga el desastre de nuestra obsolescencia, el crujir de nuestras formas prepotentes para con el planeta que ha optado por la desinfección del parásito que lo amenazaba. Absorta en sus quehaceres rutinarios la realidad finge ignorar la sentencia que aguarda. Cómo alertar a una sociedad cegada por su impostura? No existe más remedio que enfrentar el destino sin excusas. De verás no somos capaces de interpretar las señales?

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